10.000 del Soplao – Luchando contra todo

Por fin llegaba el esperado día donde se me concedía una segunda oportunidad de terminar lo que otrora dejé a medias. Allá en el 2007 participé en la primera edición de esta marcha sufriendo por entonces como nunca y viéndome vencido tan cerca del final. Aquella vez, la primera vez que me veía vencido de tal manera me prometí volver a terminarlo.

Estos años, diversos compromisos en forma de carreras y demás me negaron esa oportunidad, por lo que a primeros de año, cuando vi que no coincidía con nada me lo marqué como uno de los grandes objetivos de la temporada. No solo iba a volver sino que encima lo iba a hacer bien.

Llegamos a Cabezón el grueso de la expedición Red Ciclista, formada por Miguel, Edu, Oscar, Javi y yo. Aparte, también estaban por aquí Puskas que había ido con Cris y Juanma con la familia y resto de gente del club de Daganzo.  Mi primera impresión es lo que ha cambiado el tema desde la primera edición. Aquello se ha convertido en la Quebrantahuesos del BTT. Mogollón de gente por todos los lados – casi 5000 inscritos – , stands de tiendas y marcas, etc… me agobia un poco la situación.

A la mañana siguiente intentamos llegar pronto a la salida, pero a pesar de estar ahí tres cuartos de hora antes nos toca situarnos al final de la calle y tiempo nos da para que Javi sufra un incidente con su mando de cambio lo que le obligará a realizar la marcha con un solo plao. Cuando se da la salida, acompañados por los riffs del Thunderstruck de los AC/DC, aun pasarán 10 min hasta que conseguimos cruzar el arco de salida. Ahí empieza un largo periplo de lucha, primero contra uno mismo. Los primeros kilómetros son suaves y rodamos a buen ritmo. Hacemos grupeta e intentamos adelantar a los cientos de ciclistas sin ánimo competitivo que hacen esta marcha y han salido delante de nosotros. Ni que decir que una salida por cajones se empieza a hacer indispensable, por el peligro que supone en este tramo los continuos acelerones y frenazos, la ingente cantidad de ciclistas a los que uno adelanta y la enorme disparidad de niveles. Allá sobre el kilómetro 15 tras un par de subidas más o menos tendidas parece que la cosa se va estirando y ya podemos rodar más a gusto sin tanto frenazo ni parón. De momento seguimos los cinco juntos. Juanma y Puskas salieron por delante mientras que Cris que salió con nosotros se lo tomaría a su ritmo.

En el kilómetro 20 llega el primer avituallamiento donde ni paramos. Se ha pasado en un suspiro y los bidones aun tienen suficiente agua para aguantar. Coincido con Jokin (Skuimi en foromtb) con el que hacía tiempo que había cruzado mensajes y coincidido sin saberlo en algunos fregaos pero entre pitos y flautas no nos conocíamos. Con él compartiré un buen tramo de la marcha. En esto que vamos haciendo camino hasta el pueblo de la Cocina que recordaba con nitidez de aquella primera edición. Aquí comienza un rampón inhumano donde toca echar pie a tierra por la acumulación de gente. Increíble el gentío animando, sin duda lo mejor de toda la marcha. Como la gente de los diferentes pueblos se volcaba jaleando a los ciclistas. Voy subiendo a buen ritmo pero sin chispa en las piernas. Edu y Miguel se me van y ya no los volvería a echar mano en toda la marcha mientras que Javi se ha quedado un poquito por detrás con Oscar. Tras pasar lo duro y volver a salir a la pista me encuentro algo mejor y retomo ritmo. Creo que va a ser cosa del exceso de kilos que arrastro todo el año. Pero bueno, al tran tran, voy haciendo camino. Centrado en comer y beber y en el siguiente punto kilométrico según me va dictando la chuleta pegada en la potencia.

Arriba de la cueva del Soplao, parada rápida para rellenar los bidones. Puskas está aquí con mala cara. Anda fastidiado de la espalda y ha decidido esperar a Cris. Yo me tiro para abajo por una bajada con un barro arcilloso que se pega en todos los lados. Abajo empieza el festival de ruiditos. Voy rodando en el llano y me cuesta un horror simplemente mantenerme a rueda del grupo donde ando metido y un chillido constante viene de mi freno delantero. Vale, tenía que pasar. Lleva tiempo dando guerra y parece que hoy tocará las narices. Uno de los pistones no vuelve bien provocando que se quede la rueda frenada. Poca solución tiene. Ale a apechugar. Así vamos rodando por un tramo de carretera donde recuerdo perfectamente la imagen de la otra vez donde aquí tuve una seria crisis. Hoy la verdad que de momento la cabeza funciona, lo que no lo hacen son las piernas. Ya digo, voy sufriendo hasta acurrucado a rueda en el llano, doy algún relevo de cortesía, pero me dejo caer pronto no tengo ritmo ninguno. Cruzamos un arroyo que por suerte hoy baja con poco agua y enfilamos hacia la siguiente subida, el monte Aa, sin duda el tramo con las pendientes más duras de todo el recorrido. No demasiado largo pero tremendo con sus rampas hormigonadas. Pero nuevamente el público nos sube en volandas. Aquí alcanzo a Javi, que me debió pasar en el avituallamiento. Subo a golpe de riñón con todo metido. Así corono y sigo con el chip de comer y beber. Al otro lado bajada rápida por pista donde me dejo llevar a rueda sin gastar lo más mínimo. Me junto con otros dos o tres con los que hacer camino ya que sé que ahora viene un tramo largo llano hasta comenzar la fiesta de verdad.

Es lo que tiene esta marcha. 60 kms en las patas y lo que hemos hecho es poco menos que un calentamiento. El verdadero Soplao empieza aquí, según te vas acercando a la casa del Parque y en el ambiente se empieza a palpar el comienzo de la interminable subida al Moral. Son 12 kms, que parecen ser muchos más. He adelantado a Oscar que está teniendo problemas con una rueda que le pierde aire y ha tenido que meter más latex, aunque al poco cuando empiezan las rampas duras me vuelve a pasar. En esos momento comienza mi autentico calvario. Llevo la bici casi completamente frenada, un chirrido constante y de una agudeza que se clava en lo más profundo de la cabeza me va rallando más y más. El clinómetro apenas baja del 11 % y la velocidad apenas sube de 7 km/h. Hoy al contrario que la otra vez, se vislumbra todo el monte y arriba sobre una enorme ladera verde, muy lejos se ve una diminuta hilera de hormiguitas hasta la que tenemos que llegar. Mi ritmo va decayendo y me voy clavando muchísimo a la par que me empieza a pasar gente. La cabeza empieza a hacer de las suyas y aunque intento autoanimarme y tirar de las enseñazas de Samu, los pensamientos negativos comienzan a ganar la batalla ¿no he venido aquí a correr y hacer un buen tiempo? ¿A quién quiero engañar?  No tengo cualidades para esto, estos años atrás andaba decentemente entrenando 17-20 horas semanales ahora que he pasado a entrenar 8-10 horas semanales, y las semanas que puedo hacerlo – esta anterior mis entrenamientos se redujeron a escasa hora y media – pues por mi falta de cualidades me toca arrastrarme. Realmente me entran ganas de tirarme allí al lado en la campa y ponerme a llorar de impotencia con estos pensamientos en la cabeza. Solo el acordarme de Luis y de las penurias que pasamos en estas mismas rampas allá en el 2007 son lo único que me hace no bajarme y emprender el camino de vuelta a Cabezón. Aun así el ritmo sigue decayendo y es frustrante ver como no puedes seguir ninguna rueda. En el descansito me dejo caer y bueno por lo menos ya se que se está acabando aunque el último rampón de kilómetro y medio se hace pelota. En esto me pasa una chica que va con una cadencia perfecta y un excelente ritmo y saco un poquito para cogerla rueda, más por las ganas de coronar que otra cosa.

La bajada es una liberación, aunque he quedado muy tocado durante la subida y no puedo dejar de pensar que ahora viene la Cruz de las Fuentes con nada menos que 16 kms. A pie del Moral hay zona de avituallamiento donde no paro y decido estirar hasta Bárcena Mayor. El ambiente aquí es espectacular, con montones de coches aparcados en las cunetas, de acompañantes esperando para avituallar a su gente al ser un punto por donde se pasa dos veces. Me meto en un grupito donde simplemente para aguantar el ritmo voy sufriendo como una perra. Cualquiera que me lea pensará que estoy luchando por un tiempazo o un puestazo y hoy resulta que estamos en el abismo de la clasificación. Pero bueno, es lo que hay y para lo que damos ahora. Así llegamos a Bárcena Mayor donde la carretera acaba y sin solución de continuidad comienza el ascenso a la larguísima Cruz de las Fuentes. Al fondo un cielo amenazante y el bochorno que hace indica que casi seguro que nos vamos a mojar. Pero antes de eso hago un breve alto para rellenar los bidones.

La primera parte es tendida, pero nada, que no cojo el ritmo. Vuelven las sensaciones que tenía en el Moral. Cuando empiezan las rampas duras  y el puerto se estabiliza en un continuo 9-11 % me vuelvo a clavar mientras de nuevo ese chirrido se clava en mi cerebro.  El ritmo es patético y por momentos me vuelven a la cabeza los fantasmas de aquella primera edición. No puede ser, otra vez no. Especialmente cuando a mitad del ascenso comienza a llover copiosamente y a retumbar la montaña con los truenos, cambiando de golpe la temperatura. Voy ganando metro a metro como buenamente puedo, ya superado el kilómetro 100. Miro y remiro el perfil sobre la potencia como si así fuera a reducir los kilómetros que no parecen correr. El chirrido se me sigue clavando en el cerebro hasta límites insoportables. Sobre todo me viene a la cabeza una zona donde me quedé yo solo. Nadie delante a la vista y nadie detrás, un sitio por donde normalmente subiría disfrutando, y donde ahora maldigo cada pedalada. El bosque poco a poco va cediendo terreno, lo que indica que queda poco. Algún valiente animando en la cuneta pese a la lluvia nos jalea indicándonos la proximidad de la cima. Cuando en el horizonte veo la cruz casi quiero llorar. Bueno ahora a recuperar en la carretera de la Palombrera, pienso.

En la cima nos desvían por una pista a la derecha. No me suena, pero pienso que con la torrija que llevaba en 2007 como para acordarme. Pero poco a poco nos vamos metiendo en una bajada cada vez más empinada y pedregosa. Yo por allí no he pasado. Efectivamente, como luego nos enteraríamos, este es un tramo nuevo camino de la Palombrera y menudo tramo. La bajada es simplemente infernal. Un pedregal de gran pendiente donde los frenos se llevan un intenso calentón hasta el punto en que apenas frenan. Abajo hemos pasado del frío a causa de la tormenta a un calor asfixiante y ante nosotros un nuevo ascenso de durísimas rampas. La nueva sorpresa son 5 kms simplemente descomunales donde no echo pie a tierra por vergüenza torera. Mi cadencia es ínfima, con todo metido apenas consigo hacer avanzar la bici, que tras el calentón de la bajada va completamente frenada. Aquí prácticamente voy pensando que se acabó, no me veo subiendo el Moral de vuelta en estas condiciones, pero a la vez pienso que no me puede ocurrir otra vez lo mismo mientras me voy llenando de angustia. La última parte del ascenso, a pesar de ver a lo lejos las banderolas del avituallamiento parece no terminar. Arriba me dejo caer en la carpa de asistencia de Ciclos Maestre donde me tienen que sujetar para no caer al suelo ya que si algo más podía salir mal, también llevo las calas que se han debido aflojar los tornillos. Le dejo la bici, casi deseando que me digan que aquello no tiene solución y tener un motivo para dejar de sufrir. El mecánico sube la bici al potro y al girar la rueda esta no avanza ni cuarto de vuelta antes de pararse. Ni se lo que toca, pero tras unos minutos aquello parece funcionar de nuevo mientras me dice. Ahora ten cuidado que tal como llevabas la rueda vas a volar. De repente es como si un soplo de ilusión hubiera vuelto a mí. Recargo en el avituallamiento ya con intención de tirar hasta meta y me tiro hacia el corto tramo de bajada que precede a una zona de cordeo y la bici ha dejado de sonar y doy pedales y aquello avanza. Tras 100 kms de penar por fin consigo disfrutar un poco. Hasta me recreo en los paisajes mientras continuo el precioso cresteo previo a la rapidísima bajada que nos conducirá hacia Los Tojos. Ahora si que funciona aquello. En Los Tojos una carretera de gran pendiente nos deja otra vez camino de Bárcena Mayor donde unos kilómetros de asfalto picando hacia arriba nos preparan para el postre. 9 kms de sufrimiento son lo que nos separan del Moral. Aquí saco toda mi ansia que traía acumulada tras tantos kilómetros de sufrimiento. Me marco una pequeña cronoescalada imponiendo un ritmo duro y con cadencia desde abajo. Que diferencia, voy pensando, mientras veo en el cuentakilómetros que subo a 11 km/h por desniveles por los que antes no podía pasar de 7 km/h, mientras destrozo el grupo con el que había comenzado la subida y voy a la caza de Javi que me pasó en el avituallamiento de Palombrera. Mientras nos vamos cruzando con montones de ciclistas que ahora bajan el Moral. Pienso en todo lo que les queda por delante y que yo no podría ahora penar tantísimas horas. Recuerdo cuando el objetivo era simplemente terminar, cuando era el recorrido y no tu quien dictaba el ritmo y lo poco divertido que era arrastrarse y penar sobre la bici. De hecho hoy lo he vuelto a hacer. No me veo volviendo a esa época y me angustio solo de pensarlo – otra vez esta palabra – cuando uno aprende lo que se disfruta estando bien es muy duro dar pasos atrás como me está ocurriendo. Por suerte en esta subida el esfuerzo es positivo y siento que avanzo y los kilómetros caen con celeridad. Al fondo veo a Javi que lleva buen ritmo, lo paso y sigo con mi ritmo esperando que se enganche a rueda, pero no lo hace ya que va con algún problema de patas al haber ido con platillo en llanos y bajadas. El último kilómetro y medio se me hace ya un poco pelota y me vuelven a coger un par de tíos del mismo equipo a los que pasé en la subida que aquí van como aviones. Los consigo aguantar sufriendo con todo para coronar y acoplarme a su rueda. Bien, ya está hecho. Solo un par de repechitos suaves y se acabo.

La bajada es espeluznante. A una velocidad espectacular y sufriendo para que no se me vayan de rueda, pero se que son buena rueda para llegar a meta. Tras pasar la casa del Monte, nos ponemos a tirar fuerte y unos metros adelante vemos a Oscar al que absorbemos. Hay buen entendimiento entre las dos parejas y devoramos los últimos kilómetros a fuego. Llega un momento en que tengo que escaquearme de los relevos porque ya no doy más de si.

Tras 9 horas, cruzamos bajo el arco de meta con un sentimiento más de liberación que otra cosa. Principalmente por haberme sacado esa espinita que llevaba tanto tiempo clavada. Ojalá para todas esas espinitas hubiera una segunda oportunidad, pero mucho me temo que para alguna de las mías no la hay, o al menos así lo siento.

De todas formas, en ese momento disfruto del momento. Juanma entró delante de nosotros reventadisimo, Miguel pletórico y Edu que se ha cascado un tiempazo. Al poco llega Javi y al rato nos encontramos con Puskas y Cris que han abandonado. Pero en esos momentos el sentimiento es de satisfacción.

Es ahora a posteriori, cuando normalmente estaría ansioso por regresar y mejorar y sin embargo me encuentro saturado de bici, cuando analizo todo el sufrimiento y penuria que he padecido y tengo claro que no quiero arrastrarme sobre la bici, cuando hago el análisis, quizás inmerecidamente negativo que habéis podido leer. Con el tiempo seguramente me de cuenta del merito que ha tenido el terminar en estas condiciones y en un tiempo más que decente. No puedo imaginar lo que habrán sufrido aquellos que terminaban cercanas las 12 de la noche y bajaban con luces por la carretera, pero yo es que no me veo penando a esos niveles.

Al final me quedo, aparte de con el terminar, con los compañeros de equipo, un apoyo constante, con los ánimos del público, con los tremendísimos paisajes de la reserva del Saja, con la excelente organización que nos mimaba en cada avituallamiento. ¿Repetiremos? Sinceramente no lo se, hay muchas cosas que tengo que ordenar en mi vida. Lo que tengo claro es que si vuelvo lo haré con una forma en condiciones tanto física como mentalmente.

Tampoco se me puede olvidar mencionar los apartamentos donde estuvo alojado el grueso del equipo. Un lugar idilico en el pequeño pueblo de Colsa, por donde tambien se pasaba en la marcha. Completamente recomendable para un fin de semana en plena montaña cantabra: http://www.apartamentoslascerreas.es/

Podeis consultar las clasificaciones aquí

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2 Respuestas para “10.000 del Soplao – Luchando contra todo”

  1. Una gran cronica de carrera, muy bonita y “humana”.Bastante es ordenar la sucesión de ideas negativas que se suelen presentar cuando ves que la cosa no funciona. Ni personal ni mecanica.Un diez para todos, hayan terminado o no… y seguro que el año te irá poniendo en su sitio y al año que viene estareís allí dando mucha guerra.
    Un saludo.

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  1. Rompiendo la racha | Cicloturista de profesión - 31 diciembre, 2011

    [...] hace que todo se resienta y el rendimiento en la bici es una de esas cosas. Toqué fondo en los 10000 del Soplao de BTT. Una marcha que afrontaba con una ilusión especial y en la que me tocó sufrir como un animal. Mi [...]

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